La nuestra es una cultura cada vez más metropolitana. La tendencia es la de una población que se desplaza, cada vez más, del campo a la ciudad, de las pequeñas poblaciones a las grandes metrópolis. Esto conlleva la aparición de grandes desafíos urbanísticos, medioambientales, sociales… Se hace urgente destinar parte de nuestra capacidad de reflexión, y por ello de diseño, a pensar nuestras ciudades. Ciudades que, salvo contadas excepciones, nacieron siglos atrás y cuyas necesidades, estructuras y planteamientos eran muy diferentes a los de las actuales urbes que concentran el 70% del crecimiento de nuestra población.
Estimular la aparición de propuestas desde el diseño, enfocadas y pensadas para mejorar la ciudad, o mejor dicho, para mejorar la vida de los habitantes de nuestras ciudades.
Un premio que debe poner el acento en la búsqueda de soluciones para los problemas más importantes, que no son siempre los más visibles: transporte público; tráfico y contaminación; falta de equipamientos y espacios libres; desigualdad y precariedad social; abastecimientos y suministros básicos; atención especial a niños, mayores o minorías; higiene, ordenación y significación de los espacios comunes, etc.
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